Adrissa

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Adrissa

Mensaje por Adrien Morgan el Jue 24 Sep - 20:04

Se había aparecido a una distancia prudente de su casa en Manhattan. No iba a correr ningún riesgo, ni uno solo.  Guardó inmediatamente su varita entre la camisa que le quedaba demasiado grande y la cubría hasta el suelo. Estaba cubierta de sangre pero afortunadamente no se notaba por el color de la camisa, oscura, contrastante con el rubio de su cabello y su apariencia casi angelical.

Sabía como llegar a su casa, sabía perfectamente la dirección y podía haber intentado aparecerse de nuevo pero le dio miedo. Que los descubrieran, que supieran todo, absolutamente todo y no se arriesgo a utilizar la magia nuevamente, lo mejor que hizo fue comenzar a caminar.  Había tomado cosas del cadáver de la niña, sus zapatos principalmente, era extraño y algo perturbador ver a una pequeña caminando por manhattan, estaba anocheciendo y si, definitivamente era peligroso.

Justo estaba parada en una calle esperando que cambiara el semáforo cuando un oficial de policía muggle se le acerco, la vio y como suele suceder, le preguntó que si estaba perdida.  Adrien tenía miedo de hablar y que su voz no hubiese cambiado, no es que hubiese utilizado muchas veces aquel encantamiento, así que solo movió la cabeza, cuando lo llevaron a su patrulla y le preguntaron su dirección fue que habló sorprendiéndose de la claridad con la que había copiado la voz de la pequeña.

Fueron veinte minutos después que un oficial estaba tocando la puerta de la casa de Adrien y Julisa con la pequeña niña de la mano, obviamente para preguntar por sus parientes. Más le valía a Julisa tener un poco de idea o si no ahora si tendría que hechizar al policía o algo.  La pequeña en la que Adrien se había convertido se puso tensa cuando escucho a alguien acercarse para abrir la puerta y solo esperó.
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Adrien Morgan
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Re: Adrissa

Mensaje por Julisa Chee el Jue 24 Sep - 21:16

Decir que estaba ansiosa era quedarse corto de palabras. 

Había aprendido a muy temprana edad que cuando se tenía un don como el que ella poseía, un presentimiento no era nunca algo que pudiera darse el lujo de tomarse a la ligera. Que las cosas que llegaba a ver, a sentir, no era nunca mera casualidad, aún y si no se presentaban como visiones en el sentido más exacto de la palabra. Y ese día, apenas despertar y abrir los ojos, mucho antes de que el sol saliera y comenzara a colarse por entre las cortinas de su habitación, horas previo a que su alarma sonara, se vio invadida por la sofocante certeza de que algo estaba por suceder. Algo horrible. Algo inevitable. 

Que le acusaran de perder la cabeza, le daba exactamente lo mismo. No era alguien dispuesta a tomar riesgos, no cuando tenía una niñita que dependía de ella (cuanto había cambiado en los últimos dos años) y por la que estaba dispuesta a rebasar cualquier límite. No llevó a Adrianne a la guardería, tampoco se presentó a trabajar. Necesitaba a su hija cerca de ella y dentro de su rango de visión en todo momento, porque no existía sensación más detestable que aquella opresión en el pecho al estar consciente de que no tenía control de absolutamente nada sucediendo a su alrededor y a la vez estar convencida, con tanta certeza como que era de carne y hueso y su corazón seguía palpitando, de que algo estaría por salir mal. Terrible, terriblemente mal. 

... y su hija lo sabía. No directamente, claro, pero era lo bastante sensible como para que intranquilidad no le afectase. Y la niña no dejaba de llorar, y conforme el día transcurría ese sentir no hacía más que crecer, y entre los gritos de Adrianne y lo caótico de sus propios pensamientos se sabía a un paso de perder la cabeza. Cargaba a la niña apoyándola sobre su cadera, tratando inútilmente de consolarla, buscando sin éxito el contactar a Adrien. Puesto que claro, nadie más sabía que ellas vivían ahí, y a nadie más tenía que pudiera decirle algo, cualquier cosa que disipara aunque fuera un poco ese horrible peso que sentía en el pecho. 

Justo estaba ya por llamar a Marcellus cuando, finalmente, fue capaz de ver algo más allá de las paredes de su sala de estar. Muros de ladrillo oscuro, el rostro de una niñita rubia, y sangre... la sangre de Adrien... y su cadáver tendido sobre el suelo... imágenes desordenadas, sin secuencia ni sentido alguno, tampoco cohesión más allá de la seguridad de que algo espantoso ocurriría... ¿o había ocurrido ya? 

Por poco se rompía en ese instante. Tambaléandose apenas y pudo dejar a Adrianne dentro de su corral, porque todo ella temblaba y temía que fuera a escurrírsele de las manosy caérsele si es que acaso no se desmallaba antes. No podía respirar. No podía hablar. No podía siquiera mantenerse erguida a causa del desasosiego y sin poder evitarlo las lágrimas se acunaron bajo sus ojos. El llanto de su hija se volvía más  fuerte y no dejaba de palpitar entre sus sienes junto con el frío que se extendía a lo largo de toda su columna... no sabía a donde ir, no sabía qué hacer. Estaba por enloquecer

Para cuando llamaron a la puerta, no supo de donde consiguió la voluntad para correr a abrir, era ya un amasijo de nervios encendidos y ojos enrojecidos. Que lo primero que quedase a su altura visual fuera una placa de policía al abrir y que el llanto de Adrianne se hiciese notar hasta afuera le desconcertó, pero apenas ver a la niña, esa misma de su visión, calló de rodillas a abrazarla con una desesperación imposible de fingir. Convencer al oficial de que todo estaba en orden y como debía ser una vez la chiquilla rubia estaba de vuelta en su hogar no fue sencillo, mucho menos con el llorar desconsolado de su bebé, pero cuando por fin consiguió que se marchase, cuando al fin se quedaron a solas ella y la niña rubia, cerró la puerta tras de sí. Claro, enviarían a alguien a dar seguimiento, así era como funcionaban las cosas, pero la próxima persona que cruzara por esa puerta sería petrificada sin dar lugar a réplica. 

- ¿Qué está sucediendo?

Su voz fue ronca, a penas un susurro débil, pero es que tenía el pecho tan cerrado que apenas y podía respirar. Se apoyó contra la puerta, sintiendo que no podía ver a la niña rubia sin estar por vomitar a causa de las naúseas que sentía, pero al mismo tiempo incapaz de apartar los ojos de ella. 

- ¿Adrien...?

Preguntó insegura. Él le había insistido que ese arreglo que tenían era para protegerlas, pero siempre que exigía saber exactamente de qué, nunca tenía respuesta convincente. ¿Sería que, cualquier cosa que fuera esa de la que se escondían los había alcanzado ya?...
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Re: Adrissa

Mensaje por Adrien Morgan el Jue 24 Sep - 22:34

Había estado completamente paciente con actitudes infantiles de nervios y terror. La cosa es que aquella maldición que se había lanzado sobre si mismo había copiado absolutamente todo de la niña ahora muerta. Era una pena y podría sentirse mal si no fuera por que su propia vida estaba en peligro en esos momentos.  

Cuando vio a Julisa completamente alterada se asustó también pero permaneció sin moverse al sentir como lo abrazaba en el cuerpo de esa pequeña. Se confundió un poco y luego pasó a la casa como si nada, esperando que Julisa hiciera lo que tuviera que hacer con los oficiales. El no podía decir nada o se iba a descubrir así que se sentó en el sillón de la sala observando como Adrianne lloraba y lo veía confundida.

Luego que Julisa termino de hablar con los oficiales y se acercó Adrien solamente la observó como si dudara o no de decirle todo.  

Soy yo Julisa - le dijo aun con la voz de la niña, sacó su varita y movió los pies sobre el sillón. Ya sentada ahí Julisa podría darse cuenta de que la camisa que tenía puesta era de él, incluso tenía su aroma y una gran mancha sobre el pecho.  - Soy Adrien, pero tengo un hechizo sobre mi, es como una multijugos.  No puedo explicártelo pero básicamente alguien estará por llamarte y decirte que estoy muerto.  Necesito que no le digas nada de esto a nadie, te prometo que te lo explicaré todo.

Su voz era muy infantil y parecia la broma imaginaria de cualquier niño. Aquello no era magia común y corriente y podía darse cuenta facilmente.

Mira, estoy metido en muchas cosas horribles que no puedo contarte o caeria muerto.  Tengo un juramento inquebrantable y se que es el peor momento para decírtelo, tienes que tranquilizarte Julisa, estás asustando a Adrianne.

La niña  se puso de pie y con su varita aun en mano se acercó a la niña para acariciar su rostro y cabello, todo era muy surreal.
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Re: Adrissa

Mensaje por Julisa Chee el Jue 24 Sep - 23:49

La confirmación de su identidad, proviniendo de esa vocecita aguda e infantil, de aquella carita de mejillas regordetas le provocó el escalofrío más horrendo que había sentido en toda su vida. Peor que la primera vez que había tenido que destazar un cordero en la reserva, apenas un par de años mayor que la pequeña que tenía delante. 

No se veía como Adrien, ni se escuchaba como Adrien. Ni siquiera hablaba con él. Pero llevaba puesta su camisa - por supuesto que la reconocía - y sostenía su varita. No hacía mucho que ella misma la había visto en una visión. Así que no, no dudaba que fuese quien decía ser. Lo que conseguía era asimilarlo. Que lo que sabía no conseguía conciliarse con lo que tenía delante, y el shock que producía era demasiado intenso. Cerró los ojos, se llevó las manos a la cabeza, apretándose las sienes, como sí acaso tratase de detener todo ese cumulo de ideas e imágenes que continuaban presentándose en medio de un torbellino en su mente. 

Aún y si no se escuchaba como él, ni se veía como él, sin lugar a duda se comportaba como él. Siempre había sido de esa manera. El completamente compuesto y en control de si mismo, aún en el peor de las escenarios, mientras que ella se tornaba incapaz de contenerse. De ahí que en un momento se hubiesen fascinado el uno al otro con la misma intensidad en que habían llegado a repudiarse. Que supiesen como sacar lo peor en ellos. Lo que también era cierto era que con él siempre había tenido en claro el momento en que le correspondía volverse firme, una roca, y no dejarse barrer por su propia naturaleza. 

- Te vi morir. - Lo interrumpió. Había visto su cadáver con toda claridad. Seguía con las manos heladas. Con la frente perlada de sudor frío, y respirar con propiedad era algo que le continuaba costando. - Te vi morir. -

Pero no había muerto. Ahora era una niñita de unos... ¿seis? ¿sieto años? Una que acariciaba el cabello de la hija de ambos tratando de consolarla, y dejándola a ella peor que al inicio. Escuchó lo del juramente inquebrantable. Lo de que de darle explicaciones caería, ahora sí, fulminado. ¿Y ella debía, de alguna manera, reaccionar como si nada de esto estuviese ocurriendo cuando le avisasen de que Adrien Morgan acababa de fallecer?

Quiso decirle mil y un cosas. Demandar algo más convincente que un "no puedo decirte nada". Saber en qué estaba metido. En qué acababa de meterlas a ellas. Pero todo aquello quedaba relegado a un segundo plano al momento en que se puso de pie, reuniendo fuerzas de a saber dónde, y cargó a Adrianne contra su cadera al tiempo que sujetaba la mano de Adrien, tirando con urgencia de ella en dirección a las escaleras. 

- No vas a convencer a nadie de que eres una niñita así. - No con esa camisa ensangrentada. No de esa manera. Y no necesitó hacer más preguntas, no por ahora, porque si había llegado hasta ahí viéndose así, bajo el influjo de esa magia que ella desconocía, era porque se escondía de alguien, y necesitaba que continuase así. Las respuestas vendrían después. Ahora mismo lo primordial era protegerlo. Era el padre de su hija, y en algún momento había sido su amigo y más, lo que él era...

Lo llevó a su habitación, dejó a Adrienne en la cuna - que a pesar de seguir llorando ya no lo hacía con la misma desesperación - e inmediatamente fue a su armario a buscar algo que le pudiese servir. - Sé claro. Y preciso. Qué es lo que necesitas que haga. -
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Re: Adrissa

Mensaje por Adrien Morgan el Vie 25 Sep - 0:34

Entendía a Julisa y lo que le sucedía con ella era muy diferente. Sentía que tenía que protegerla y ser firme por ella, era más una obligación que siempre había tenido. Eran muy extraños sus pensamientos viniendo del cuerpecillo de una niña de cinco años, le angustiaba muchísimo ver a Julisa así, como loca. Con el tiempo había aprendido a aceptar el hecho de que ella podía ver y saber cosas que otros no. Cuando le dijo que lo había visto morir él fue hasta ella ay le tomó la mano como si quisiera inútilmente tranquilizarla.

Yo se, no era yo, es muy difícil explicártelo, pero no estoy muerto de verdad ¿Si?


Casi no pudo decir nada más por que Julisa, como siempre en sus arranques tomaba a Adrianne y a él de la mano y lo llevaba por las escaleras. - No no, qué haces, espera, NO- Le había ganado la emoción y había gritado como una niña -literal- Trató de resistirse pero no pudo. Lo llevó literalmente arrastrando hasta la habitación y desde el momento en que la vio abrir el armario, se imaginó lo que Julisa estaba pensando.

No quiero que me pongas un vestido, no Julisa, déjalo! - Tal vez era el momento o por que le estaban ganando las actitudes de la niña, la maldición obraba de maneras extrañas para hacer parecer a la persona una replica exacta que no dejaba lugar a dudas. Así que empezó a reír y a llorar a la vez, incluso se tiró al suelo en una especie extraña de berrinche infantil.

Solo serán unas horas, es un hechizo, no, déjame! dejameeee - Justamente estaba tirado en el suelo haciendo ese berrinche cuando vio nuevamente las luces de la patrulla en la calle y poco después alguien tocando la puerta. Había sido un error dejar que los policías lo vieran,

Rápido, necesito que me hagas una maleta. Deja los vestidos, anda corre. No tenemos mucho tiempo. Seguramente ya saben que estoy muerto en la universidad. Corre! no te quedes viendo!! yo cuidare a Adrianne. Ve!

Se sentía mal de pedirle esa clase de cosas a Julisa pero sabía que en esos momentos era la única que podía ayudarle. Deseaba poder decirle en realidad lo que ocurría pero si lo hacía inmediatamente iba a quedar inmolado. Encontraría la manera, sin embargo.
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Adrien Morgan
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Re: Adrissa

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