Crash inside

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Crash inside

Mensaje por Adrien Morgan el Dom 22 Nov - 2:07

Estaba desesperado, Adrien había aprendido con los años a controlar esa clase de colapsos nerviosos. Había aprendido a aferrarse a la realidad, a lo que era, a lo que sucedía a su alrededor para hacer que el rechinido de dientes y el ardor de su piel desaparecieran, evitar que las sombras hundieran su mente y él se perdiera completamente. Lo curioso era que a lo que él más se aferraba era Marcellus… y Marcellus ahora lo odiaba. El se lo había ganado, lo había buscado a pulso, como si inconscientemente buscara arruinar lo único bueno que tenía en la vida.

No sabía a dónde ir, sentía que la propia realidad estaba aplastándolo y los rechinidos en sus espaldas lo perseguían, su respiración estaba acelerada al igual que su pulso cuando tomó la varita y se apareció en el primer lugar que pensó, aquel lugar donde Julisa y Adrianne se estaban quedando, en la reserva navajo.

Sentía que la piel le ardía y las manos le temblaban, cerró los ojos y se recargó sobre la fría puerta de metal de la casa rodante antes de si quiera alcanzar a tocar un par de veces. Eso era todo, él había arruinado todo por ella, por Julisa, por Adrianne. Lo había estropeado todo nuevamente y se había lanzado a un agujero profundo. Poco a poco el encantamiento que tenía sobre él comenzó a desaparecer lo cual hizo aun más grave su colapso nervioso, por un momento no recordó quién era o que hacía ahí, no fue hasta que Julisa abrió la puerta que él se dejó caer dentro, mientras soltaba pequeños gemidos de dolor al sentir como su cuerpo iba transformándose nuevamente en el de Adrien Morgan.

Claro que Julisa ya lo había vivido más de una vez en esas semanas que tenían escondiéndose, lo desubicado que Adrien despertaba, lo que le costaba volver en si, era difícil más aun cuando ella ni siquiera tenía una ínfima idea de lo que Adrien hacía, de lo mucho que sacrificaba por ellas, por la revolución.

Arde…. Arde la piel…. Ellos me persiguen… ellos… agh… - Se abrazó a si mismo en el suelo del lugar, su cabello y su rostro ya habían vuelto a ser los de él. Al final, cuando su cuerpo terminó por volver a lo que era, él seguía en el suelo, temblando con los ojos cerrados. Era extraño ver lo así, vulnerable, más a él que no se lo permitía, jamás, nunca, Julisa lo sabía.
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Adrien Morgan
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Re: Crash inside

Mensaje por Julisa Chee el Lun 23 Nov - 17:49

No iba a negar que por más acomodada fuese la vida que tenía en Nueva York , la nostalgia por el desierto era una que le aquejaba seguido. Lo irónico había resultado ser que, ahora que estaba de vuelta, lo único que era capaz de sentir una terrible intranquilidad. 

Al menos estaban seguras, Adrianne y ella. O mejor dicho pretendían estarlo. Por que lo que fuese que hubiera llevado a Adrien al estado en que estaba se le escapaba tanto de las manos como del conocimiento, pero no era ninguna idiota. Estaba más que consciente de que la magia tenía sus maneras de forzar el silencio. Y si iba a ocultarse de algo que no le podían explicar, iba a hacerlo en sus términos, en sus territorios, a sabiendas que la ilusión de tener control sobre la situación era frágil y reventaría frente a la más mínima perturbación. 

Y es que resultaba escalofriante el no poder ponerle nombre a lo que se enfrentaba. ¿De que le servía el don de la visión si no era capaz de velar por la seguridad de su hija? Lo único que le constaba era que se trataba de algo realmente grave y, ante todo, oscuro. Esa certeza no se debía tan solo a los episodios que había presenciado en Adrien durante las últimas semanas, sino por lo que la misma presencia del medimago en esas tierras provocaba: que el Diné era tierra sagrada, poner pie dentro requería purificarse. Y cada vez que él aparecía, todo el entorno parecía reaccionar. El aire se volvía denso, pesado, frío... podría jurar que incluso quedaba un regusto agrio en él. Más motivos para insistir en mantenerse alejada de la casa principal de su familia. 

Quizá su misma hija resultaba más sensible a esos cambios de lo que ella era, que fue el llanto de la niña lo que le avisó de su llegada antes de escuchar los golpes débiles contra la puerte. En cuanto colapsó Julisa lo arrastró dentro apurada, no sin algo de dificultad, pues aunque tenía brazos fuertes el peso muerto era difícil de maniobrar. 

Adrianne seguía llorando en el corral que había improvisado por ella, reaccionando en angustia al ver a su papá así. Y por mucho que tratase de negarlo, algo en ella se quebraba cada vez que ocurría. Para todas las veces que había deseado verlo echo un amasijo de golpes y contusiones en el pasado (y que deliberadamente había manipulado a amigos o parejas para que le hicieran la vida imposible), ahora que se encontraba tan frágil se quedaba sin palabras. 

El perfume de incienso que quemaba y la toalla empapada de agua limpia y fresca con la que le mojaba la frente manteían sus sentidos alerta. Y aunque Adrianne seguía llorando, ella no se apartaba de su lado, ahí en el piso troque. La niña estaba asustada, lo sabía, y no era que careciera del impulso de consolarla cuando se encontraba así de alterada, pero ahí con ellos dos estaba segura. Ya se cansaría de llorar y volvería a dormirse. Porque ahora mismo, en ese estado y ese momento, quien la necesitaba más era Él. 

- No lo hacen. - Le repetía entre susurros, refrescándolo con la toalla. -Estás a salvo, con tu hija. -  Junto a Adrianne, no junto a ella. Dudaba mucho que ella pudiera serle alguna clase de consuelo, pero la niña era otra cuestión. Y es que no comprendía a quienes se refería y quizá nunca lo haría, pero en ese momento elegía no pensar. Ni en sus palabras, ni en lo que lo perseguía. Tampoco en buscar motivos al por qué la buscaba a ella en esa situación. Y es que si no pensaba era más fácil engañarse. Engañarse, fingir y evadir. 

Si, lo sabía. Lo conocía lo suficiente como para saber que nunca dejaba nada al azar. Que veía el mundo de una manera en que quizá nadie comprendía, la cuadrícula de un tablero de ajedrez en el que nunca dejaba un flanco descubierto. 

Y aquí estaba, desvalido como nunca antes lo había visto. 

Convencerse de que no había que les mantuviera unidos más allá del interés mutuo en el bienestar de la niña hacía la vida más sencilla. Alternar entre discusiones encarnizadas, silencios indiferentes y monosílabos concisos. A eso se habían reducido, porque lo hacía todo más sencillo. Y en cada pelea siempre había insistido que todo lo que hacía era por protegerlas: a su hija, por supuesto, pero a ella también. 

Odiaba el permanecer afuera de todo lo que estaba ocurriendo. La incertidumbre la mataba. La inseguridad. La ansiedad frente a lo desconocido. Pero mientras recorría su rostro cuidadosamente con el paño húmedo solo tenía la certeza de dos cosas: la primera demasiado dolorosa como para admitirlo, la segunda que era ahora el momento de retruibuirle todo lo que había hecho por ellas en el último año. 

Al menos por hoy sería una Torre protegiendo la ficha más valiosa - pero vulnerable - de su tablero.
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Re: Crash inside

Mensaje por Adrien Morgan el Mar 24 Nov - 19:12

Había tenido otros episodios, tal vez no como ese, pero parecidos. En realidad su mente se hacia pedazos cada vez que volvía a ser él, en realidad aquel encantamiento que lo transformaba en otra persona estaba destruyéndolo cada vez más, casi olvidaba lo que era ser él en los momentos en que se transformaba en otra persona y cuando el efecto terminaba, volvían a él de golpe los recuerdos, las vivencias y el dolor.

Por eso estaba ahí abrazado a si mismo en una posición vulnerable, sentía que su misma piel quemaba y podía escuchar sobre su oído el rechinar de dientes buscando con probar su piel. Tardó en reaccionar cuando Julisa lo sostuvo y lo primero que hizo fue alejarse o tratar de hacerlo, ponerse agresivo y evitar el toque de su piel. El llanto
de Adrianne no hacia más que alterarlo, aun más. Parecía que no sabia donde estaba y cuando sus ojos azules por fin se abrieron, parecía delirar, como si en realidad frente a sus ojos estuviera viendo lo más horrible.

Se zafó de ella y fue hacia el rincón más cercano, se puso las manos sobre la cabeza cubriendo sus oídos y cerro nuevamente los ojos con fuerza, estaba temblando y su rostro cubierto de sudor.

-Has que se detengan, por favor, Padre, has que se detengan. Haré lo que sea, pero que se detengan. No fue mi culpa, no lo fue, hice todo lo que me pediste, hice todo. - Siguió golpeándose la cabeza una y otra vez, murmuraba cosas incomprensibles, algo de las bestias ocultas en la oscuridad y que estaban por todos lados, que lo veían todo, a todos. Estaba hecho un demente completamente y era esa la primera vez que Julisa veía al verdadero Adrien que se ocultaba detrás de ese rostro frio e inexpresivo.
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Re: Crash inside

Mensaje por Julisa Chee el Lun 28 Dic - 1:04

Sentía que se sofocaba. Que el aire dentro de aquel remolque se tornaba más denso y pesado e imposible de respirar y que ella comenzaba a apagarse. Pues entre el comportamiento tan alarmante de Adrien y los gritos inconsolables de su hija estaba completamente abrumada. Que mientras más trataba de controlarle y ayudarle a que se tranquilizara cuando rehuía a su cercanía, incluso tornándose agresivo, el llanto de la niña se volvía lo más ensordecedor que hubiera escuchado en toda su vida. Algo imposible de tolerar. No cuando el medimago actuaba así, incluso lastimándose a sí mismo. 

- ¡No Adrien! ¡Detente! - Resultaba inútil, obviamente. Tanto como sus intentos por conseguir que la pequeña dejase de llorar, pues sus gritos tan sólo empeoraban la situación. Indecisa, insegura, y completamente sobrecogida, terminó por sacarse la varita del bolsillo del pantalón y conjurar un hechizo silenciador - y bastante desesperado - sobre su hija. Nunca había hecho nada parecido a eso, jamás, y seguramente dentro de poco le golpearían un millar de sensaciones y pensamientos al respecto, pero es que ahora mismo se sentía de todo menos maternal.

Era una imagen de lo más surrealista. El rostro de su hija húmedo por las lágrimas que no dejaban de correr y enrojecido por el esfuerzo de llorar cuan fuerte se lo permitían sus pulmones, y a la vez sin emitir sonido alguno. El zumbido entumecedor que había quedado vibrando en los oídos de Julisa - uno que estaba segura solamente ella escuchaba - se interrumpía tan solo por el golpear hueco contra el muro del remolque, ese mismo que Adrien provocaba al golpearse a sí mismo. 

- ¡Basta Adrien! ¡Basta! - Trató de sujetar sus manos a pesar de la resistencia que enfrentaba. A cada palabra que él decía sentía como si algo dentro suyo se agrietara con más y más profundidad. Y es que por más sentido que tratase de darle a lo que ocurría, a lo que escuchaba, al final nada terminaba por encajar. Y volvía siempre a lo mismo. A esconderse sin saber por qué. A tratar de ayudarle, sin saber cómo ni en qué. 

- No está aquí, ¿me escuchas? - Trató de sujetar su rostro, de que sus ojos oscuros se encontraran con los azules de él, tratando de aferrarse a cualquier cosa que le afianzase al aquí y al ahora. Pero el llanto mudo de su hija, y el estado tan frágil (roto parecía ser más apropiado) de Adrien eran simplemente... demasiado. 

- No puede lastimarte aquí. - Su voz se quebraba a la par que se volvía un susurro débil. Ni siquiera estaba segura de decir la verdad. ¿Por que cómo estar segura de ello si seguía a la deriva respecto a tantas cosas? Lo único que quería, y que trataría de conseguir a toda costa, era ayudarlo a él.
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Re: Crash inside

Mensaje por Adrien Morgan el Sáb 9 Ene - 19:46

Adrien se sentía sofocado, un ardor en la piel que le recorría el cuerpo. Su respiración estaba agitada y sentía que se desesperaba más con el sonido del llanto de Adrianne. Escuchaba la voz de Julisa de fondo y trataba de aferrarse a ella pero los chirridos de los dientes, el escozor en la piel y el dolor seguían destruyendo poco a poco la conciencia que tenía. Cerró los labios y los ojos con fuerza y se obligo a sí mismo a no pensar en ello, fue el llanto de Adrianne lo que lo devolvió curiosamente a un tren mental interesante.

El llanto, cerró los ojos y se recordó a si mismo tomándola en sus brazos por primera vez, su piel morena y ojos azules, los mechones de cabello sobre sus mejillas regordetas y la calidez que provocó en su pecho. Recordó entonces a Julisa y trató de aferrarse al recuerdo de su rostro, de cómo su piel brillaba sobre el sol, de las sonrisas que le dedicaba y el sonido de su voz siempre que él permanecía en silencio escuchándola repasar sus clases. En lo fuertes que parecían sus manos mientras tallaba figuras en el taller de manufactura pero lo delicadas que le parecían siempre que movía una pieza de ajedrez.

Abrió los ojos cuando hubo silencio en la habitación y sus ojos se encontraron con ella. Entonces sintió como si pudiera volver a respirar, como si ella lo hubiese traído de vuelta a la superficie y la tomó de las manos que aun sujetaban su rostro, aun temblaba pero se aferró con fuerza a ella y recargó su frente sobre la de la joven.

Lo sé…. Voy a detener esto, voy a solucionarlo. – Parecía que estaba diciendo aun incoherencias pero en su mente todo tenía sentido. Seguía con la mirada fija en ella, en verdad estaba buscando por ella, por ese brillo que alguna vez había existido en su mirada.

Sé que solo te he decepcionado, siempre quise que lo supieras todo, que vieras la oscuridad que existe en mi interior… Voy a arreglarlo Julisa y entonces te explicaré todo, cada momento, cada acción. Preferí mil veces lastimarte para evitar que vinieran por ti y ahora estoy una vez más aquí, arriesgándolo todo…. Arriesgando lo más importante para mí.

Su voz salía como un susurro, no se había dado cuenta que seguía sujetando sus manos, tal vez ese había sido el único contacto cercano que habían tenido en casi dos años. El calor de sus manos le era tan familiar, tan único.
Nunca quise dejarte, nunca quise que nos convirtiéramos en esto. Deje pasar muchas cosas por miedo y ese mismo miedo fue el que termino por destruirme.

Soltó sus manos lentamente y su mano ahora fue para su rostro, conocía perfectamente a Julisa, sabía incluso lo que iba a decirle y antes de que ella hiciera o dijera nada, acerco sus labios a los de ella para besarla por primera vez en mucho tiempo. El calor de sus labios y la suavidad le recordaron viejos momentos, momentos únicos, el peso dentro de su cuerpo fue aliviándose como si aquello fuera un bálsamo capas de curar sus heridas más profundas.

Nunca voy a dejar de amarte, nunca lo dije pero es verdad, sé que me odias, se que jamás podrás quererme de ninguna manera, pero debes saberlo.

Se lo dijo al oído antes de separarse de ella y con dificultad se puso de pie. Estaba volviendo en si, sus brazos estaban adoloridos por el hechizo, era magia oscura y se notaba en los efectos que provocaba en él. El vio a su alrededor y se dio cuenta de que Adrianne lloraba con el hechizo desconsolada y antes de hacer o decir cualquier otra cosa, fue hacia ella tomándola entre sus brazos para calmarla.
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Re: Crash inside

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