¡Las Perséidas!

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¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Miér 14 Ago - 14:37

Mal disimulando un principio de ansiedad, Kaleph se sirvió un vaso de soda y abrió una bolsa de snacks. Eran las doce y cuarto. No había llegado nadie, pero vendrían. Vendrían, ¿No? A ver, eran las Perseidas y tras un par de hechizos de sombras la azotea de los Deltas era el lugar perfecto para verlas. ¿Cómo podrían no venir? ¿Acaso se les ocurría un plan mejor para un sábado por la noche?

Dio un sorbo a la bebida y miró a su alrededor un tanto confuso. Había traído un par de sillas y un aislante de dormir, por si alguien prefería verlas echado en el suelo de la azotea. Sus dos telescopios estaban ya dirigidos hacia Perseo y había sujetado con piedras su gran carta celeste junto a unas velas por si alguien quería orientarse entre las constelaciones. De hecho, aunque en el pergamino había delegado esa tarea en los compañeros, había traído algo de comer y beber, solo por si acaso nadie lo hacía confiando en que los demás cumplirían con algo.

Y sólo pasaban quince minutos. Paciencia, Kaleph, paciencia. Se llevó un par de doritos a la boca y echó hacia atrás el respaldo de la silla plegable. Sonrió al ver la primera tanda de meteoros, un haz de destellos fugaces que cruzaban el firmamento nocturno decorando la Vía Láctea con finos hilos argénteos. 

Estiró las piernas y suspiró, consolado por la caricia de la brisa nocturna y la pausada danza cósmica que poco a poco se desvelaba para él. Aún si no venía nadie más, no le importaría: Algo tiene la belleza de lo eterno que sanaba las heridas de su ser. Ahí, bajo las estrellas y arrullado por el silencio se sentía pleno.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Jue 15 Ago - 0:32

Pensar en alguien que no piensa en ti es ridículo. Daña física y mentalmente. Parece como si fuera ayer que la voz de una humilde mujer que acababa de ser despedida se hacía escuchar en el interior de toda la gran casa Merteuil. Estruendosa, perturbada, amenazante. “En la casa del jabonero, el no se cae, resbala”. Desde ese día muchas cosas quedaron claro, comprobándolo más adelante cuando los miembros de aquella familia fueron cayendo poco a poco ante el impredecible destino. El karma es algo que nos persigue a diario y una nueva factura se estaba volviendo a imprimir, ahora con un nombre distinto.

Sábado por la noche y Madison no tenía ni idea de lo que estaba haciendo en su habitación. No tenía planes ni motivo alguno para salir de allí. Desde muy temprano había estado rehuyendo a sus pocos amigos alegando malestar, y sin embargo estaba allí, perfecta de salud y jugando con su recordadora. Haciéndola girar bajo las sabanas, hecha bolita, despeinada y tan solo con sus bragas y una camiseta holgada encima. Por un momento pensó en llamar a alguna persona para que le haga compañía, o de plano irse algún bar a ver que podía encontrar de bueno, pero entonces recordó aquel anuncio que había colgado Kaleph días antes.

– Perseidas... – susurro pensando que nunca había visto una lluvia de meteoros y que podía ser agradable, aunque la viese rodeada de gente que no tenía nada que ver con ella. Ya ni sabía si saber eso la animaba o desanimaba. Pertenecer a un grupo era difícil, más si eres solo un miembro y no el centro de atención. Igual se puso de pie y se coloco algunas prendas mas para no estar escuchando lo que ya pensaban de ella. Un pantalón, una bufanda y una parka verde que parecia como tres tallas mas grande (Aquí). No se veía nada atractiva, pero le valió porque tenia frio y salió así. Había sacado de su habitación algunas bebidas que tenia guardadas de algo que ella misma preparo una madrugada en que no podía conciliar el sueño.

Al llegar a la azotea noto un ambiente bastante curioso. No había ido con ánimos de fastidiar a nadie a pesar de su poco animo, solo quería ver los meteoritos, pero según veía tampoco había con quien meterse. Solo estaba el organizador de dicha reunión. – Hey… Zimmerman – se acerco a él y miro a los lados para registrar todos esos detalles decorativos entre más. – ¿Por qué esto esta tan vacio? Pensé que vendría más gente, ah espera… es sábado. Casi olvido ese pequeño detalle – le entrego la bolsa de papitas que había llevado y de las tres botellas que tenia entre los brazos le alcanzo una esperando que la tomara, aunque sabía que podía rechazarla pero que importaba. – Estas solo son para mí pero te daré el placer que pruebes una. Prometo que no morirás, solo es cerveza de mantequilla –
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Vie 16 Ago - 19:16

Kaleph se puso en pie al oír abrirse la puerta de la azotea. Con un poco de esfuerzo disimuló su alegría ante el hecho de que por fin llegaba alguien, aunque la verdad es que lo que no pudo ocultar fue su sorpresa al reconocer a Madison. Y eso que así vestida le costó reconocerla.

La miró con una ceja enarcada intentando recordar una ocasión desde que la conocía en la que la hubiese visto salir así de... ¿terrestre?. Y... nop. No se le venía ninguna en mente, siempre la había visto salir más o menos maquillada, más arreglada o menos, pero nunca así. A pesar de todo, Kaleph tenía un gran dominio de sí mismo y la sorpresa no se dejo ver. Mucho.

Ahí de pie de repente no supo donde meter las manos, así que elevó una silenciosa plegaria al cielo cuando la muchacha le entregó las bolsas y la bebida. Bebida que ya conocía, por supuesto. La servían mucho en el pequeño pueblo junto a Salem, pero tampoco quería mostrarse descortés con, hasta ahora, la única persona que había hecho caso a su pergamino.

Y mira que le costaba, eh? Porque ese comentario sobre "ah espera, es sábado" se sentía como un picotazo a las costillas. Claro que era sábado, ¿Habría venido más gente si fuese viernes? ¿o domingo? Además, él no hubiese podido el viernes noche ya que ahí era cuando empezaba el sabbat.

Miró fijo a Madison por un instante y pensó en la cantidad de comentarios mordaces y pequeñas pataditas que podía dedicarle, como lo de que sí conocía la cerveza de mantequilla o por qué vestía como si hubiese atracado a un hipster ruso o... Al final, y para romper su dinámica habitual se mostró cortés. De hecho hasta recordó que había oído comentar que le gustaban los objetos muggles. La atacaría por ahí. Socialmente, claro.

-Muy amable por tu parte, gracias por venir-. Dejó la bolsa de papas con la que había traído él y dedicó un glacius minor a la botella para disfrutarla fría, dedicándole un gesto a la hermosa semi veela por si acaso ella también quería que hechizase las suyas. Tras este breve gesto, silenciosa propuesta de enterrar el hacha de guerra por al menos una noche, prosiguió -¿Quieres sentarte? La lluvia de estrellas ya ha comenzado, o si quieres- Dijo con una sonrisa, a punto de tocar una supuesta fibra sensible -Puedes emplear uno de los telescopios. Son mundanos y no están encantados, si quieres te enseño cómo se usan-.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Sáb 17 Ago - 2:33

Era consciente que en ese momento seguro era muy raro para su compañero verla de esa manera. Incluso para ella misma lo sería si se viese en un espejo. Pensaría que acababa de enloquecer, o quizás no. Solo quizás ni pensaría nada mas allá que así estaba mas cómoda, sin pretender tanto algo que a veces la cansaba de sobremanera. Aunque solo fuera por una noche, si, solo una. Además, el único testigo (de momento) de su fatalidad era Kaleph y no lo vio tan preocupante a pesar que entre ellos no existía tampoco la mejor de las relaciones. Ahora que lo pensaba, ¿acaso se llevaba bien con algún Deltha? Por supuesto que no. Pero con algunos rozaba lo cordial, y el único amigo aparente que tenía ya ni le hablaba o se le cruzaba.

Tal vez la evitaba, era probable. Por lo menos ella lo veía natural, ya que muchos de sus cercanos terminaban en ese plan tarde o temprano y aunque le molestase no se quejaba ni quejaría de ello. “El orgullo siempre ante todo, así que primero sola antes que mostrar debilidad”. Cerró los ojos brevemente y dejo salir un suspiro muy débil. No uno de “me aburro más que cuando hablo con una piedra”, sino uno de “me siento lamentable, alguien máteme”, y luego volvió a mirar al judío cuando lanzo aquel hechizo para enfriar la botella. Negando luego a su intención de enfriar también una para ella. – Iba a traer mi propia silla, pero me desanime porque luego bajarla iba a ser un problema. No me gusta estar cargando cosas – respondió con una aparente queja a su invitación a sentarse. Con eso quería decir que no esperaba que le ofreciera un asiento. Por lo menos no a ella.

Miro el cielo y coloco sus otras botellas dentro de los grandes bolsillos de su parka verde, así podía tener las manos libres un momento, y sin dudarlo se acerco al telescopio en cuanto lo menciono. No lo toco, solo lo miro con atención, llevando sus manos detrás de sí e inclinándose levemente hacia delante para examinarlo con detalle. No iba a negar que era una persona muy curiosa y más si se trataba de objetos muggles. Siempre había sido así desde pequeña. Aunque eso hubiera terminado por dejar a mucha gente no-mágica sin empleo ya que su madre le reprobaba todo acercamiento a ese tipo de cosas o personas.

– En mi vida toque un telescopio, así que creo que aunque me muestres como usarlo te lo puedo arruinar. Si fueran míos yo no dejaría que nadie los tocara, menos algunos brutos que rondan estas instalaciones – ¿Pero si no lo usaba como se supone que iba a ver aquella lluvia de meteoritos? No tenia vista biónica. De hecho, la vista de Madison era algo mala para las grandes distancias desde aquel pequeño accidente que tuvo en medio de una práctica de quodpot, pero no lo comentaba porque no quería que por ello pensaran alguna vez sacarla del equipo. – ¿Te es divertido esto? Mirar cosas sobrevolar el cielo… a mi me parece algo ñoño – Era sincera, pero también se contradecía porque aquello que llamaba “ñoño” sonaba en cierta forma fascinante, o al menos en su imaginación, así que espero que de todas maneras le enseñara como usar esa cosa.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Sáb 17 Ago - 10:24

Demos un poco de contexto a la situación, ¿si?

La verdad es que Kaleph adoraba sus dos telescopios. Eran, por así decirlo, sus bebés. El primero que tuvo, un sencillo telescopio refractor, se lo regaló el tío Joel en su bar mitzvah hace casi diez años. Con él había observado innumerables cuerpos celestes (y aunque él no lo sabía, allá en Salem sus compañeros de habitación lo habían usado para observar en la torre de enfrente otros cuerpos mas... terrenales...). El segundo telescopio era reflector, más caro, potente y menos intuitivo en su manejo. Fue un regalo de sus padre al alcanzar su mayoría de edad mágica. 

Aha. Otros estudiantes reciben escobas último modelo o coches, si la sangre muggle corre fuerte... Én cambio él había recibido un telescopio de ochocientos dólares y la verdad, no podía ser más feliz por ello. Estaba inscrito en varios programas de cartografía celeste, tenía decenas de amigos astrónomos por correspondencia y era bastante feliz al respecto. De hecho le tenía echado el ojo a un telescopio catadrióptico computerizado de cinco mil dólares, pero eso iba a ser un regalo a sí mismo cuando terminase la carrera, así que paciencia. Por el momento, con Herbert y Gustaff tenía más que suficiente.

Exacto. No lo admitiría ni con un crucio, pero sus chicos tenían nombre. 

Ahora, terminada esta exposición de datos, espero que se aprecie más que Kaleph se quedara inmóvil y con sólo un leve tic en la ceja mientras dejaba que Madison se acercase a los chicos, en vez de hacer lo que le decía su instinto, que era "Tacklea a esa beyotch antes de que los toque". Qué demonios, si los había subido era para que sus compañeros de fraternidad los utilizasen. Tenía la esperanza de que alguno de ellos se contagiase de su amor por la astronomía.

-Bueno, no tienes por qué preocuparte. Los telescopios ya están calibrados y orientados, así que lo único que tienes que hacer es inclinarte y mirar. Y si quieres, otro día, subimos y te presento los cuerpos celestiales más hermosos-. La verdad es que si la noche seguía así, no le importaría repetir experiencia. Normalmente Madison le parecía altiva, arrogante y egocéntrica (no como él, claro, pura humildad) pero ahora la verdad es que estaba pasando un rato agradable. Comentario del sábado aparte, claro. -¿Ñoño?- Rió -Las Perseidas... están provocadas por el cruce de la tierra con la trayectoria del cometa Swift-Tuttle. Ahora imagina una inmensa roca de hielo espacial, de casi diez kilómetros de largo, que deja a su paso una estela de fragmentos tan inmensa que cada año la tierra tarda casi un mes en abrirse paso por los escombros... tanto es así que el firmamento nocturno se incendia durante tres noches seguidas. Puede que sea ñoño, pero... bueno no sé. Me parece bastante espectacular-.

Al terminar de hablar tomó la mano de Madison y en la penumbra apretó suavemente. -La lluvia de estrellas se puede ver a simple vista, lo que pasa es que pasarán diez minutos antes de que se te acostumbren los ojos. No te preocupes, te gustará.- Dijo indicando a la muchacha que mirase al cielo diréctamente.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Lun 19 Ago - 12:16

La verdad era que a simple vista el chico parecía ser de aquellos que ponían nombres a sus cosas y se encariñaban con ellas a un nivel insano, y si no fuera porque su forma de ser a veces distaba de la típica de los perdedores declarados, toda sumisa y lamentable, ya estaría enterrado socialmente junto a otros tantos que conocía. Es decir, no era alguien fácil de intimidar o por lo menos daba un poco esa impresión. De todas formas no era para estar pensando en ello en ese momento, ya que el tema de la noche y motivo por el cual estaban allí era ver las perseidas. Negó con la cabeza levemente para despejarse y rogar a sus pocas neuronas que hicieran la sinapsis necesaria. Lo oía explicar y tratar de plantearle la situación para que ella pudiera desarrollar su imaginación y entender que tan importante era el acontecimiento. Sin embargo, la expresión de la semiveela no podía ser más desencajada, como si con ella repitiera “ñoño” varias veces sin descanso. Rodo los ojos y quiso fingir que no le interesaba nada de lo que decía, pero algo le impedía hacerlo por completo.

Quizás se trataba nuevamente de su fastidiosa curiosidad. – Un año es demasiado. Si es tan hermosa como dicen, yo no podría esperar tanto – se quejo entre dientes y mordió su labio inferior al ponerse a visualizar la escena en su mente. Ello la hizo sentir pequeña, porque si ya en la tierra habían millones de personas cohabitando, la idea que la misma se perdiera en una especie de mar intergaláctico por tanto tiempo, le aterraba. Si una transición así era tan normal cada año, ¿Qué tenia de malo? Nada, pero Madison podía encontrarlo, siempre encontraba algo malo para todo. – Me siento un poco ignorante, como te darás cuenta – No era necesario aclarar, pues tenía más que presente que no era vista como un ser pensante, a pesar que se lo había puesto casi sencillo, como a los niños para que no se hicieran un mundo. Lo miro instantáneamente cuando tomo su mano. Pensó retarlo y decir algo desagradable mientras se la limpiaba con alguna servilleta, pero sabía que el fin no era ese y que no lo había hecho, probablemente, con la intención de incomodarla o algo así.

Incluso ese pequeño apretón que le dio la hizo centrarse un poco más en la atmosfera. El silencio de alrededor ayudaba y podía ver el cielo más claramente esperando lograr apreciar aquello que prometía ser tan deslumbrante. Pero igual, se libero de ese agarra, solo que con suavidad. – Confiare en ti en esta oportunidad. Aunque no sé porque te ofreces a mostrarme otras cosas, ¿tanto te gusta presumir tus conocimientos? – por supuesto que no lo dijo como si se lo echara en cara, su envidia era buena ya que el podía y era capaz de admirar otro tipo de belleza en las demás cosas. Por hobbie, o lo que fuese. Tal vez porque era ese día en particular, o tal vez porque su paciencia era de hierro. – ¿Crees que eso podría hacer que dejes de pensar? Tú que pareces saber tantas cosas, quizás sepas la respuesta. Sería terrible tener que esperar las perseidas cada año para enfocar toda tu atención a ellas, si son tan útiles – susurro mirando aun hacia aquel cielo, esperando deslumbrarse, deseando hacerlo.

Lo poco que sabía de estrellas lo estaba aprendiendo en ese mismo instante. En sus noches de insomnio contemplaba un techo desconocido y en el mejor de los casos, aquel azul de arriba pero sin preguntarse mucho por sus brillantes decoraciones. Aun seguía sin llegar nadie, pero ese no era su problema. – ¿Qué número de vez es esta para ti? Supongo que ni la recuerdas –
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Mar 20 Ago - 22:48

Kaleph miró al cielo mientras Madison hablaba. En el rato que la muchacha llevaba arriba al menos dos docenas habían cruzado el firmamento. Lástima que la semiveela no tuviese todavía los ojos acostumbrados... El comentario de la impaciencia le hizo sonreír, porque a él le pasaba igual con muchas cosas que amaba. Con las lluvias de estrellas no, porque...

Su proceso mental descarriló al oír esa frase que hubiese jurado que jamás oiría de boca de nadie, menos de Madison Merteuil: ¿Se reconocía ignorante? A ver, era cierto que a veces tenía ganas de agarrarla de la oreja y gritar bien fuerte, a ver si pasaba algo como... PERSEIDAS... y se oía luego EIDAS... EIDAS.. DAS... DAS... Sin embargo tenía que admitir que hacía falta coraje para reconocerlo. Y en voz alta. Y delante de él, Kaleph Zimmerman, alguien que daba un nuevo significado a la palabra "ególatra". La verdad es que sólo por eso dejo pasar el comentario sin hacer cizaña. De hecho se encogió de hombros dando a entender que en verdad no pensaba que fuese una ignorante.

La pregunta de presumir su conocimiento le cogió con la guardia baja, así que no pudo evitar enarcar una ceja de sorpresa. Se tomó unos momentos para pensar. Era una MUY buena pregunta.

-Supongo que es porque... es lo que tengo. Tú tienes tu belleza y te vistes para estar deslumbrante, para compartirla con el mundo. Imagino que intento hacer lo mismo con mis conocimientos. A lo mejor no son tan atractivos como tú en un principio, pero a la larga perduran mientras que cuando tú te marchas se desvanece la luz que regalas a quienes te rodean-.

Miró el cielo intentando ocultar la incomodidad que le producía encontrarse alabando su belleza. Decidió que si Madison se lo contaba a alguien se encargaría de recordarle que esa misma noche se había llamado "ignorante". Y sin provocación previa.

-Pero es que no hace falta esperar todo el año para las Perseidas, Madison. Estas son las que más se ven y las más agradables por el calorcito, pero a ver... están en enero las Cuadrántidas, en abril las Líridas, las Acuáridas Eta y Delta en Mayo y Julio respectiva... ment... te...- Se quedó callado y al final tuvo que reírse. -Lo estoy haciendo otra vez, ¿verdad? Disculpa... me disparo a hablar y no me doy cuenta de cuando me pongo denso... En todo caso, no son útiles, son hermosas. Despréciame por amar la belleza si quieres- dijo con una leve sonrisa de burla.

-Claro que la recuerdo, me regalaron a He... el telescopio refractor en mi bar mitzvah a los trece años, eso fue en Abril...  Esta es la sexta vez que veo las Perseidas. Las Leónidas de Noviembre me gustan más, pero suele hacer un frío del demonio en Seattle. Aqui se aguantan bastante bien.- Tomó el primer sorbo de la cerveza de mantequilla e hizo un gesto de "está muy buena", sin saber exáctamente por qué lo hizo. Tal vez para que Madison se sintiese un poco más cómoda. Tal vez por eso mismo hizo la siguiente pregunta:

-Y a ti, ¿qué cosas te apasionan?
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Miér 21 Ago - 12:33

¿Dónde estaba aquello de primero yo, después yo y siempre yo? Se suponía que era algo primordial entre las reglas de Madison para su supervivencia diaria, y sin embargo ahí estaba ella declarando lo incompetente que era para entender ese tipo de cosas. Y cuando le respondió prácticamente halagándola, ella se quedo pensando, ni siquiera sonrió victoriosa como si al fin pudiera haberle arrancado a él esa confesión. Tendría sentido si es que para ella fuera realmente algo demasiado importante ser hermosa, pero no. Al contrario, era un fastidio tener esa sangre semiveela recorriendo sus venas. Claro, eso no tenía que saberlo. Nadie tenía por qué, solo debían seguir pensando lo de siempre.

Sin ella, seguro Maddie sería una chica como cualquier otra. Sin mucha gracia y encima mas odiosa de lo que ya algunos la perciben. Lo único bueno es que habría es que podría saber qué clase de gente realmente querría permanecer cerca de ella y no como ahora, que si bien tenía mucha atención por parte de algunos, era por el encanto de esa otra sangre. Nunca nada profundo que la llenara demasiado. – Te desprecio. Pero supongo que es algo que no puedes evitar, tanto como a mí me es difícil no verme en un espejo cada que tengo la oportunidad – esta vez sí sonrió un poco, aunque lo del espejo lo hacía más por otra cosa que no venia al caso.

El hablaba con muchos términos que ella desconocía, pero lejos de marearse y querer mandarlo a saltar desde esa azotea por intenso con el tema, se puso a repetir mentalmente cada cosa, o al menos las que lograba recordar de entre tantos nombres extraños que pronuncio. El porqué lo hacía era un misterio. Tal vez planeaba hacer algún día su propia investigación sobre estrellas, quien sabía. – Si que han sido muchas entonces, lejos de separarlas por los periodos que hayan aparecido. Eso hace que me convenza que lejos de esto tu vida social sí que debe andar en decadencia – fue un comentario malo, lo sabía, pero tampoco lo había hecho con malicia.

En ese preciso instante recién pudo ver algunas de esas cruzar el vasto cielo y abrió los ojos como si fueran a caer sobre sus cabezas. Algo que no era así, pero se entendí que la sorpresa era grande. Ello junto a una pequeña aceleración de su corazón la hicieron quedar inmóvil unos segundos. La sensación le pareció similar a cuando miraba los fuegos artificiales de chica en la casa donde vivía con sus padres y una amplia sonrisa decoro su rostro, aun bajo la sombra que le daba la capucha del parka. En esos segundos, se sintió feliz. Pero luego estaba la pregunta que le hizo y negó con la cabeza mientras dejaba que un suspiro casi imperceptible escapara.

– Nada. No he encontrado nada que llame mi interés lo suficiente para enfocarme a eso. No tengo proyectos a futuro y tampoco deseos de conseguir alguna cosa importante. Incluso si respiro es porque es algo natural, que se da desde que naces. ¿Trágico, verdad? O tal vez lamentable. Da igual – respondió sin mirarlo y su sonrisa amplia cambio a una mueca adusta. Lo miro de reojo y noto que había bebido algo de lo que le ofreció. – ¿Sabe bien, cierto? Es lo único que se preparar. La cocina y yo somos enemigas mortales, así que incluso mezclar los ingredientes resulto una odisea para mí – se encogió de hombros en clara burla personal. A veces parecía que no le importaba quedar como tonta o inútil frente al resto, pero bajarse a sí misma no era muy sano, asi que volvio a ver el cielo.

– Si un dia te pido a uno de tus amigos, ¿me lo prestaras? prometo tratarlos bien y llamarlos por su nombre para que no te extrañen – dijo para que supiera que aunque tratara de ocultarlo ya se habia dado cuenta que los llamaba de forma especial.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Jue 22 Ago - 14:53

Kaleph rio con ese comentario.

-Tranquila, el desprecio es mútuo-. Dijo con una sonrisa cómplice. Se apartó de la muchacha y tomó asiento en una de las sillas plegables. En respuesta as su comentario se encogió de hombros sin sentirse ofendido en lo más mínimo -La verdad, mi vida social no es decadente, está muerta, tal cual-. La miró con una media sonrisa dando a entender que este hecho no le importaba en lo más mínimo -Si te soy sincero, no encuentro prácticamente a nadie con quien me guste relacionarme de forma habitual. Llámame lo que quieras pero tengo la impresión de que nunca os paráis a pensar en las cosas importantes, como... para qué estamos aquí o por qué hacemos lo que hacemos cada día...-

La volvió a mirar con atención, tratando de escrutar lo que pasase por la cabeza de la morena.

-Al final viene a ser lo mismo, sólo que vosotros, aqui en Delta, al menos os divertís por el camino. En las otras fraternidades está todo el mundo obsesionado con el quien es quien y las parejas de cada uno. Es penoso, como ver a una rata atrapada en un laberinto.

La breve cara de felicidad de Madison al ver su primera estrella fugaz fue casi recompensa suficiente por todo el despliegue de la azotea. Le hubiese gustado que viniese más gente, pero la verdad es que si conseguía enamorar a una sola persona de la astronomía, bastaría.

Aunque claro, el siguiente comentario de la muchacha echó eso por tierra. Le dejó un poco preocupado, vaya.

-Madison, eso es... inquietante. Si no tienes ningún motivo para salir de la cama, si sólo te limitas a dejar que las cosas sucedan a tu alrededor pues... vaya, no es mi campo pero me parece que si no te cuidas podrías terminar con una depresión. Y de las serias, de terapia y medicación- Dijo en el tono más conciliador que fue capaz de encontrar.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Sáb 24 Ago - 15:08

¿Estaba hablando en serio? Es decir, actualmente la vida social era importante para todos. Si no te relacionabas con nadie, no eras nada. Incluso para alguien como Madison aquello era claro, y por lo mismo, había ocasiones en las que se mordía la lengua tan fuerte que ella misma se envenenaba antes de soltar algo inapropiado contra alguien que no le conviniese. Encima se sintió aludida cuando llamo ratas a la gente que se preocupaba por esos otros temas.

– ¿O sea que nos ves a todos como una sarta de descerebrados? Que yo sepa no es necesario estar proclamando a los cuatro vientos si de pronto uno se hace dichas preguntas. A nadie le interesa si estas buscando la razón de tu vida en este mundo, la gente solo quiere divertirse, nadie se va a preocupar por ti o tus intereses de forma real. Así que resignación, no vayas contra la corriente – y suspiro. Lo dijo en el tono más tranquilo que pudo encontrar en ese instante, el más pausado y casi melodioso como si no quisiera arruinar el bello espectáculo por alguna mala reacción que su impulsivo ser pudiera evitar.

Saco una de las cervezas de mantequilla que tenia para ella y la destapo para beber un poco. Modestia aparte le gustaba como le había quedado, aunque seguía pensando que mucho mejor sabía cuando era preparada por manos mas dadas al trabajo. Su siguiente comentario la desencajo un poco, tanto que tardo bastante en siquiera entreabrir los labios. Se sonreía a lo mucho y volvía a mirar a lo alto aun cuando el ya estaba sentado. De alguna forma ese lugar lo percibió como una zona neutral. Un campo en el que soltara lo que soltara quedaría allí y jamás saldría.

– Tengo dos respuestas para eso. Pero dime tú si de verdad te interesa saber, ¿quieres oír la real o la que el resto prefiere y llega a escuchar? – vacilo mirándolo por un momento con una de esas sonrisas falsas que decoraban día a día su rostro entre los grandes cúmulos de gente. Se acerco a la silla libre y termino sentándose por más que al principio tardo un poco en estar cómoda debido a su gran parka. Cruzo sus piernas y saco su varita para ponerla sobre la mesa – Sea cual sea tu elección, de antemano debes saber que esta oportunidad no se da así nada más – le estiro la mano – Me ha dado hambre, aliméntame – con eso espero suavizar un poco esa sensación que estaba recorriéndole el cuerpo.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Sáb 24 Ago - 21:41

Tomó un trago de cerveza de mantequilla helada y sonrió con un gesto de "deliciosa", reconociendo así su esfuerzo y el detalle de traer algo casero a la multitudinaria fiesta de las perséidas. Tras la pregunta, alzó la vista al cielo a tiempo para ver tres estrellas fugaces cruzarse en el firmamento.

-A ver, no os considero descerebrados. Estáis haciendo carreras, así que debéis ser inteligentes. Eso no quita que me considere el más listo de todos vosotros. Aunque a lo mejor me equivoco. Aunque lo dudo-. Tras el arranque de soberbia (o sinceridad, según) miró a la muchacha a los ojos. En la penumbra de las velas y bajo el cielo estrellado relucían extraños. -Y la verdad, me da exáctamente igual lo que los demás piensen de mi, o que no les importe que me plantee filosofadas como preguntas importantes del día a día. Creo que la gente obsesionada con quién es vista, con quién se junta y "oh mira va con malas compañias..."- Bufó con desprecio -Esos memos terminarán todos y cada uno de ellos encerrados en jaulas de oro. Y ni un poquito me sabe mal, porque se lo habrán buscado ellos mismos, así que por mi...- se encogió de hombros.

Escuchó atento la declaración de Madison. Y si, por lo poco que sabía de ella, era una ocasión poco habitual, así que se ahorró sarcasmos. De hecho, valoró de verdad la elección que le ofrecía. Quería saberlo, pero ¿hasta qué punto cambiaría eso su relación de indiferencia? ¿Qué sería distinto cuando se cruzasen por el pasillo de la fraternidad al día siguiente?

Finalmente decidió que la Verdad era el bien supremo, así que siempre que pudiese elegir la prefería antes que una mentira confortable. Para intentar no sobrecargar de dramatismo la situación, se agachó y tras tantear alcanzó la bolsa de doritos.

-Quiero la verdad, la pura y genuina verdad, lo que te dices a ti misma cuando no puedes dormir a las tres de la mañana-. Dijo ofreciéndole las papitas.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Dom 25 Ago - 22:13

– Jaulas de oro… interesante. Me gustaría decir que no sabes de qué estás hablando, pero para mi desgracia te doy la razón. No se lo cuentes a nadie o seguro ni ser semiveela me salvara del destierro social – el tono en que susurro aquello fue tan débil que parecía que se estaba apagando. En ella había tres formas de decir las cosas: La que le provocaba según iba percibiendo a su manera, la que su corazón realmente sentía y la que el resto quería oír. Por fortuna, eso no se trataba de un examen médico en el que a veces te piden quitarte toda la ropa y quedar vestida tan solo con una ridícula bata de color horrible, no. Era algo distinto, ya que solo se centraba en un solo tema y el desnudo seria breve y parcial.

El quería la verdad y ella, como pago a la oportunidad que le daba de poder contemplar aquella hermosa lluvia de estrellas, se la daría a su manera. – Muchas personas creen que el principal motivo de la depresión se da porque ya no puedes mas con lo que te rodea. Yo pienso que si, en parte es por eso, pero también es porque no te agrada quien eres, y yo, no me agrado en lo absoluto. Aunque va más allá de ello, creo que hasta me odio. No tengo la excusa de decir que me manipulan porque no dejo que nadie lo haga, y sin embargo, me siento presa consumas de fantasmas que yo misma creo por doquier. Tal cual oyes, eso es lo que me digo a mi misma cada noche que no puedo dormir. Que soy patetica – respiro profundamente tratando de mantener su posición calmada, confiada y hasta irrisoria con su confesión.

– Si tienes un vacio interno no puedes llenarlo con más de lo mismo, ¿no crees? No importa cuánto lo intentes. Si naces perdedor en el camino puedes modificar tu destino, pero si en el te conviertes en uno, entonces aunque vuelvas a nacer nada cambiara – se sonrió de medio lado mientras se sentaba mejor y se quedo en silencio en lo que cogía algunas papitas de la bolsa para comérselas muy lentamente. Con paciencia, saboreándolas, como si tras cada débil mordida pensara infinidad de cosas o al contrario, no pensara en nada.

Parecía que se quedaría así por siempre hasta que volvió a pronunciarse. – Es gracioso cuando lo piensas mucho. Pero mirame, aquí estoy. Radiante como nadie, la reina de la pretensión, la señorita “solo me quiero a mi” Aunque confieso que al principio era más divertido, ahora todo se ha vuelto absurdo – tomo un poco más de su cerveza tras destilar su encantador sarcasmo para disfrazar su incomodidad. Lo cierto es que había muchas cosas más que profundizar en lo que ya había dicho y miles de más sobre otros temas que no menciono pero que estaban latentes en su mente. Maddie no sentía que era parte del grupo de personas que no se preocupaban de nada, al contrario, ella siempre se preocupaba de todo, pero otra cosa era que prefiriera demostrar lo contrario incluso ante sí misma.

– Te envidio. Tú, aunque te recluyes en tu cueva tienes esto, tus gustos, tus proyectos. Pero yo no tengo nada y tampoco me molesto mucho por encontrarlo aunque me gustaría. Esa es la verdad, o parte de ella – dejo ver una sonrisa en medio de su actitud superada. Si el se reía o la llamaba ridícula le vendría sin cuidado. Aun cuando la fuera hacer sentir mal por dentro, era Madison Merteuil, así que todo estaría bien… externamente. – ¿satisfecho? Juro que fui sincera, aunque eres libre de no creerme – y se carcajeo pero no a un punto escandaloso.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Lun 26 Ago - 22:59

Kalep la creía. ¿Por qué a estas alturas iba a mentirle? Además lo que decía no la enaltecía por ningún lado, así que no tenía motivos para ser suspicaz. La escuchó en silencio, dándole toda su atención.

Si esto fuese una serie de HBO, de estas que veían en su casa de Seattle, ahora Kaleph diría algo conciso y profundo, algo que resonaría en el interior de Madison y haría que su personaje evolucionase lentamente capítulo a capítulo hasta un épico desenlace en la finale de Junio. Excepto si estuviesen en Juego de Tronos, en cuyo caso ambos morirían hacia febrero dejando inconclusas sus tramas. O si fuese una serie más ligera, de la Fox, el comentario de Kaleph sería reconfortante y agudo, le provocaría una sonrisa a la Delta y ambos sentados en la hamaca se tomarían de la mano, los espectadores "reales del estudio" (ja!) dejarían escapar un "awwww" y la audiencia en sus casas diría "miran, han conectado, ahora se harán amigos".

Sin embargo esto era la vida real, y Kaleph no tenía una varita mágica con la que pudiese resolver los problemas de una vida atribulada. De hecho sí la tenía, pero no había hechizo conocido capaz de aplacar un alma que se ha convertido, tristemente, en espectadora de su propia vida.

Un hombre más prudente o más humilde, habría guardado silencio respetando ese momento en el que Madison estaba con el corazón en la mano. Sin embargo él de humilde no tenía ni un pelo de su ensortijada cabellera y su prudencia en el ámbito social brillaba por su ausencia. Por lo tanto, habló. Eso sí, lo hizo despacio y tras reflexionar, sopesando las palabras a medida que enhebraba su discurso.

-Para mi tu problema es que ya no sabes quien eres-. Tomó un trago de la bebida casera mientras su mirada vagaba por la Vía Láctea -Te has puesto una etiqueta enorme, "Semiveela" y luego otras aquí y alla de...- la miró, pensativo, reuniendo los recuerdos que tenía de ella -"Rebelde", "demasiado buena para ti", "indescifrable"- Ladeó un poco la cabeza. A lo mejor esa última era sólo para él. Se le daba mal juzgar a las personas -Y ya llevas tanto tiempo tras ellas que ya no sabes quien eres. La máscara se ha hecho piel y ya no puedes quitártela, así que te sientes atrapada-.

Se sentó en la silla, buscando cómo solucionaría él eso. Algo típico y detestable de los hombres, la verdad.

-Si fuese tú, dejaría lo de "hacer lo que quieras" y empezaría a hacer lo que quieres. Lo que de verdad te haga feliz, sea una actividad, una persona... lo que sea. Y si no encuentras nada...- Se volvió a poner cómodo en la silla hamaca -entonces me iría, y me iría lejos. Australia, la India, Japón... A un lugar donde nadie te conozca y puedas empezar de cero, sin etiquetas. Menos la de semiveela, claro. Pero esa sólo es importante si tú dejas que lo sea.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Zlatan Fleming el Lun 26 Ago - 23:52

Se había burlado de Crawford durante horas cuando sin querer se le había escapado comentarle lo de las estrellas, meteoritos o el sol apocalíptico que iban a ver en la azoteíta de su cueva de idiotas. Lo había confirmado con Julisa, pensaban tener una reunión ñoña y exclusiva. Sus huevos. Era sábado por la noche así que sus planes habían sido primero pillar unas cervezas con algunos amigos de su barrio y ahí se le había ido toda la tarde. Para cuando llegó a la universidad, entrada la noche pero no, se acordó de la estupidez de anuncio en la fraternidad y decidió darle una visitada a los Delta para escupirles en sus costumbres y para estar con Julisa un rato o raptarla.

No le fue difícil dar con la dichosa azotea y nadie dentro de la fraternidad le puso peros a su entrada. Malditos hippies. Subió tambaleándose y para cuando llegó el chico ya ni recordaba cómo había llegado hasta ahí. Lo que vio no fue un nutrido grupo de Deltas viendo tonteras, sino a Madison y a Kaleph en lo que parecían los restos de una fiesta o la desdicha de una que nunca comenzó. Se llevó la mano a la cabeza mareado decidiendo qué hacer o qué no hacer. Ni siquiera había escuchado o comprendido la conversación que sostenían, porque no había llegado ahí en plan de espía. Iba a darse la media vuelta e irse pero después se decidió por lo contrario, por quedarse y hacer acto de presencia.

Carraspeó dramáticamente y hasta agarró una bolsa de papitas para abrirla y meterse una a la boca, masticarla ruidosamente y hacer el tonto. No había mirado directamente a Madison todavía. Estaba todo superado. Todo superado. No iba a hacer un drama de por qué estaba romanceando con ese marica de poca monta ahí solos viendo el cielo. Ni iba a hacer preguntas incómodas. O unas cuantas a lo mejor. -¿Qué? ¿Tan rápido acabó su actividad de fraternidad de la paz? - Se quería sentar en algún lado pero al final terminó parado como un muñeco de cera sin que su cerebro lograra conectar ninguna cosa en concreto, excepto la pregunta de qué carajos hacía ahí si no estaban ni Julisa, ni Crawford, ni nadie que supuestamente la interesara, ¿por qué mierda sentía esa necesidad física de mantenerse en ese sitio solo para que a Madison no se le olvidara su cara?.

-A ver, dos preguntas. ¿Qué tienen de beber y qué estamos aprendiendo hoy en nuestra clase de economía, eh?- Se acercó con curiosidad fingida y obviamente sarcástica a uno de los telescopios.-Ilumínenme, por favor, vengo curioso.-Arrastraba palabras y se le notaba que estaba bastante borracho, pero no lo suficiente como para gritarle a Madison cosas como las de la vez que habían terminado.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Mar 27 Ago - 0:49

Las palabras de Kaleph habían logrado resonar en su cabeza. Sabía que tenía razón y odiaba admitirlo aunque no se lo dijera. En realidad, ella tenía claro que eso debía hacer, pero del dicho al hecho… no era sencillo. Ella no se permitía que fuera así y hacia lo que fuera para que su propia vida se convirtiera en un caos andante. Estaba mal, muy mal. Tal vez y hasta debía regresar a la terapia, aunque sabía que eso no ayudaría. No lo hizo en el pasado y menos seria ahora que era más consciente de sus propios errores. – Huir… es la historia de mi vida – se sonrió con tanta falsedad que hasta le dolió y pensó que se quebraría.

Madison había basado parte de su vida en huir de sus problemas, minimizándolos a un extremo ridículo para tratar de demostrarse que ella tenía el control, pero no era así. ¿Ahora tendría que huir más? Estaba cansada… sus pies seguían avanzando pero su alma estaba agotada. Más aun esos últimos días desde la última vez que trato de abrir un poco su corazón. Ya nada era lo mismo, se había quebrado más. Por eso lo volteo a ver una mirada cargada de coraje. Coraje y melancolía mezclada que si fuera capaz lo mataría para hacer como que esa conversación nunca existió.

¿Qué derecho tenía ese nerd de decirle lo que tenía que hacer? ¿Qué rayos le pasaba por la cabeza? La maldita cerveza de mantequilla no podía haberlo emborrachado. Era como un molesto chip que se le activaba de pronto cuando alguien trataba de darle algún consejo o lo que fuese. A la defensiva, siempre a ella porque tenía que protegerse de los intrusos. Pero su coraje se vio opacado por la misma tristeza que la envolvía justo en el preciso momento que escucho aquella voz tan familiar. Tan horriblemente familiar. – ¿Qué demonios haces aquí? Maldito pobre diablo – sus palabras salieron con tanta molestia que era imposible ocultarla. Se había puesto de pie aunque seguro él ni la había escuchado y lo vio dirigirse al telescopio para observar.

Zlatan, eso tenía que ser el peor día de su vida. Ella aun no superaba su presencia, menos cuando la tenía tan cerca, así que retrocedió esperando no caer al chocar con algo. A leguas se notaba que estaba ebrio, y por eso miro a Kaleph. Tenía que calmarse, estaba en juego su orgullo y no podía ponerse mal solo porque estaba allí tan indiferente, sobre todo después de haber oído rumores por allí de que andaba con Julisa o quien sabe que cosas que no sabía si creer. – Aquí no hay licor, menos droga… por si eso te interesaba saber de paso – musito plantándose bien, altiva, como solía. Como la reina imaginaria que era. Lo peor es que no podia dejar de verlo. Lo detestaba.

– Diselo Kaleph… dile que no es bienvenido – claro, a que el chico le hiciera caso y se lo dijera seguro no pasaría. Capaz hasta lo dejaba quedarse un rato más, por lo cual Maddie tomo su otra botella para destaparla y beber. Algo debía relajarla un poco, esa noche no había subido ninguna pastilla para la ansiedad.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Mar 27 Ago - 1:08

-No, no digo huir. No estás marchándote para evitar la responsabilidad de tus actos. Estás buscándote a ti misma donde puedas empezar de cero. No es lo mismo, creo que...-

Y ahí hizo acto de presencia. Durante un fugaz instante la mirada de Kaleph fue de Madison a Zlatan, incrédulo. ¿Qué hacía ese mentecato ahí? ¿Quien le habría dicho algo? ¿Madison? De ser así él casi podía notar como una a una cada hebra del precario lazo de amistad con la muchacha se partiría. 

Todo lo contrario, parecía reforzarse pues la semiveela parecía aborrecerlo tanto como él, tal vez más. De una manera concisa e hiriente que Kaleph envidió le expuso a ese perro salvaje que no tenía nada que hacer en aquel lugar.

Zlatan. Ese desgraciado entre otros había hecho de sus años de Salem un maldito infierno. Vale que muchas veces se lo había buscado él por su arrogancia y su sabelotodismo, pero maldita sea, tenía derecho a sentirse orgulloso por su conocimiento y no esperar por ello encontrarse sus cosas destrozadas, sus libros esparcidos por todos los patios o golpizas cuando reunía el valor de plantar cara. Había pasado mucha agua bajo el puente, incluso se llevaba con Crawford, uno de sus torturadores de aquella época...

Pero no con Zlatan. Él seguía por el mundo con esa actitud de adolescente de dieciséis años que cree que el mundo se lo debe todo y él no debe rendir cuentas ante nadie. Le odiaba. Con toda su alma, con todo su corazón, con todo su ser.

Kaleph en estas situaciones no se encendía, al revés, se enfriaba hasta sentir puro hielo teñido de rencor y veneno. Sacó la varita y alzó la otra mano por si acaso ese cretino le embestía.

-Estás en la azotea Delta Iota Ypsilon, este es un acto de la fraternidad y no te acompaña ninguno de nuestros hermanos. Aqui no hay nada para ti. Lárgate por donde has venido-. 

De normal no estaría tan visceral, tan... agresivo, pero Zlatan se encontraba demasiado cerca de sus telescopios y el temor que les pudiera hacer algo le tenía muerto de miedo y rabia bajo la superficie.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Zlatan Fleming el Vie 30 Ago - 15:57

Se esperaba ese recibimiento por parte de Madison, pero a la vez no. En algún lugar de su estúpida mentecilla había pensado que lo que pasó en la enfermería había servido para al menos forjar una tregua. En medio de su pequeña borrachera y de los sentimientos rebuscados que ella siempre le despertaba, además de su muy poca modestia, se le ocurrió pensar que Madison era muy valiente de mostrarse así de altiva y orgullosa cuando él sabía sus verdaderos colores. Pero no la iba a acorralar de ese modo, ni le iba a recordar lo que se habían dicho en la enfermería, ni bajo qué circunstancias. Ni siquiera la volteó a ver.

-¿No hay licor ni droga? Vaya, con razón no hay nadie.-Con razón Crawford no estaba ahí, ni Julisa. La mejor opción era irse por donde había venido y buscarla, en vez de estar ahí torturándose y torturando a Madison, ser por primera vez un poco más maduro de lo que había sido toda su existencia. Se hubiera ido, de no ser porque la muy perra se apoyaba en Kaleph y el pobrecito intentaba hacerle segunda diciéndole que no era bienvenido.

Se rió con falsas ganas y miró al chico fijamente. -Me acompaña el espíritu de Crawford, ¿eso no cuenta?-Al darse cuenta de que sacaba la varita y alzaba la otra mano se volvió a reír, esta vez más sinceramente por lo risible de la situación. Así como siempre fingía que le iba a meter un puñetazo cuando lo veía por los pasillos, fingió que le daba un porrazo a uno de los telescopios que tenía más cerca, solo para ver su reacción.

-Baja la varita no seas ridículo. Eres muy lento para mi, hasta en mi estado semi alcohólico así que piensa con claridad si esto es lo que quieres hacer o si me vas a ceder tu silla y tus papitas calmadamente en lo que espero a mi gente. Les voy a mandar un patronus justo ahora, ¿qué tal eso? ¿conforme? -Ni iba a mandar un patronus ni leches, sólo estaba probando los límites de la paciencia de ambos, especialmente de Madison.

-Deja de ser grosera Madison, no es necesario.-Le dijo sin mirarla pasando un dedo por el telescopio fingiendo estar más interesado en eso que en cualquiera otra cosa, con tono de un padre de familia regañón.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Dom 1 Sep - 2:48

No iba a negar que fue una sorpresa que Kaleph de alguna forma tomara “control” de la situación. Eso demostraba que no era tan quedado como quizás pensaba al ser un nerd amante de las estrellas y las tartas. Su ego era grande pero en ningún momento pensó que el chico de cabello ensortijado estuviera enfrentándolo por ella o cosa por el estilo. Más bien lo veía como algo personal que tenia contra el otro, algo que seguro Zlatan se había ganado a pecho y que empeoraría luego de que este hiciera la finta de querer golpear uno de esos telescopios. Si se había apoyado en el judio era porque de alguna manera sintió que el otro invadía su espacio. Esa fraternidad nunca fue de su agrado, ni la gente que la habitaba, pero debía reconocer que momentos de paz si encontraba un par de veces.

Luego venia el tema de la varita. Es decir, ¿sería realmente capaz de hacerle algo? No quería ni imaginárselo y se vio tentada a intervenir y decirle a Zimmerman que la bajara, pero eso significaría admitir que se preocupaba por su ex. “Las enfermedades más peligrosas son aquellas que nos hacen creer que estamos sanos”. Recordaba haberlo leído esa misma tarde en un libro, porque si, aun contra todo pronóstico la morena sabía leer y muy bien. Por fortuna en su breve ensimismamiento logro regresar a la realidad, escuchando lo último que iba dirigido a ella. No la miraba, odiaba que no lo hiciera, pero también lo agradecía porque seguramente un solo cruce con esos ojos la haría titubear.

Tenía que curarse. Curarse de esa horrible enfermedad, así como el parecía ya estar sanado. – Si soy grosera o no, es mi asunto. Nadie me dijo que debía ser Miss simpatia, y tampoco sabía que eras tan delicado – sonrió de medio lado cruzándose de brazos. No estaba segura si lo que antes había dicho era verdad y llamaría al resto, porque eso si sería un martirio. Tampoco podía opinar al respecto porque el evento había sido claro y era para toda la fraternidad e “invitados” que quisieran traer. – Mejor déjale Kaleph. No sé si sabias, pero con eso de que dicen que es novio de la flamante presidenta Julisa, no vaya ser que después te prohíban hasta subir a la azotea – bromeo con su sarcasmo característico a pesar que decirlo le molestaba enormemente, y se acerco donde estaban las cosas para poner a un lado lo que había pedido.

– Aquí tiene señor Fleming, ¿se le ofrece algo más? Ah, y disculpe que no pueda darle nada de beber de su gusto, solo está humilde botella de cerveza de mantequilla – puso la ultima que le quedaba sobre la mesa de golpe – Tómela o déjela – luego se alejo nuevamente unos pasos. No se volvería a sentar porque solo había dos sillas y si ellos se sentaban mejor permanecía de pie. Tampoco iba a decir que esa bebida la había traído ella, menos que la preparo, así que solo metió las manos en los bolsillos haciendo una señal a Kaleph de que quizás lo mejor era restarle importancia a su presencia, y se puso a mirar hacia el cielo otra vez.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Mar 3 Sep - 0:25

Estaba rígido, sujetando la varita con algo más que firmeza, casi agarrotando los dedos en torno al puño. En ese momento, ahí y ahora bajo la danza estelar, Kaleph se odiaba a sí mismo. Nada de compadecerse ni sentir pena de sí mismo porque no podía librarse de Zlatan, buhu. 

Se odiaba a sí mismo por permitir que esto ocurriera. Por bajar la guardia así, por exponerse de esta forma, por tratar de socializar, de ser alguien que no era. Que harto, pero qué harto estaba de llevarse un golpe a las costillas cada vez que se relajaba en lo más mínimo e intentaba ser uno más.

Cuando ese hijo de puta hizo el ademán de golpear el telescopio el corazón casi se le sale por la boca y lo que fue peor, no pudo evitar exteriorizar su angustia con un gesto nervioso, con un paso adelante para impedirlo. Zlatan consiguió esa satisfacción, sin duda. 

"Un depulso. Un depulso y caería desde la azotea y cuando diese contra la acera se le abriría la cabeza como un melón. Luego un obliviate a Madison y me libraría de Zlatan. Me libraría de él para siempre. Llegó borracho, drogado, resbaló, una tragedia"

Eso pensaba mirando a los ojos a ese drogadicto que se empeñaba en arruinar todo lo que tocaba.

"Y luego... Y luego... sería un asesino"

Su odio se quebró al pensar en ello. Bajó la varita al darse cuenta de que así no podría vivir consigo mismo. Sencillamente le faltarían fuerzas para abrir los ojos al día siguiente.

La guardó con un gesto a mitad camino entre la derrota y el asco. Cuando habló no había sarcasmo en su voz, sólo desprecio frío y venenoso en cada lenta sílaba.

-Siéntate. Come, bebe, disfruta del cielo. Tú ganas. No voy a tirar mi vida por el retrete por alguien como tú, basura. No lo vales-.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Zlatan Fleming el Miér 4 Sep - 10:07

Si Zlatan no miraba a Madison era precisamente para no titubear tampoco con su propia farsa. Se rió con sarcasmo por lo de ser delicado. No la vio cruzarse de brazos y mejor, porque sus gestos de caprichosa insufrible siempre le habían gustado de más. Afortunadamente tenía que concentrarse en Kaleph y en que el chico no hiciera alguna tontería de la que luego se pudiera arrepentir, aunque a Zlatan ni se le pasaba por a cabeza que la tontería llegara al punto de querer matarlo.

Se rio porque lo llamara “basura”, no le importaba ni sería al primera vez que alguien lo hiciera creyendo que lo insultaba, había aprendido a tomar insultos e insultos, y no sería la primera señorita que lo catalogara de white trash. Señorita, dijo.

Dibujó una sonrisa de satisfacción por no valerlo, tomando eso como una pequeña victoria, porque en su cabeza solo cabía que no se enfrentaba a él porque no podía. Tenía un ego demasiado grande en ese aspecto.

Lo que si le sorprendió fue que Madison mencionara a Julisa y eso sí que lo agarró con la guardia baja. Por primera vez se atrevió a mirarla sintiendo que algo le atravesaba el pecho. No pudo evitar preguntarse por qué había tenido que ser tan perra con él si lo único que él había querido era darle todo. La imposibilidad de Madison para querer le enfurecía. -Mi flamante novia Julisa es presidenta porque a diferencia de ustedes sabe como tratar con tolerancia y cariño a la gente.-Lo dijo exagerando la ridiculez en el tono. Si Madison quería jugar eso, él podía hacerlo sin problemas.

Cuando le azotó la cerveza de mantequilla en la mesa le dieron ganas de tomarla por la muñeca y zarandearla. Ya que le había puesto los ojos encima era imposible dejar de mirarla. Tomó la cerveza por el cuello y se dispuso a darle un trago. Como podían ver, no estaba conjurando ningún patronus como había prometido.

-Y de qué se supone que le dabas clases a Madison, listillo. –Preguntó dándole un trago a la bebida, que le supo extraño por la combinación con alcohol en su boca, pero sabía bien.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Miér 4 Sep - 12:43

Quizás ella pensaba que si se lo proponía podía estar preparada para todo. Que si se concentraba lo suficiente en lo que “quería”, lo iba a obtener, y por eso se había metido en ese juego peligroso. Aun con Kaleph cerca como testigo, se arrepentía de nombrar a Julisa cuando no tenía que hacerlo. Pensar en ella cuando no tenia porque. Imaginar que los rumores que había oído eran ciertos tras restregárselo en la cara al otro, obteniendo su aceptación con el mismo tonito cargado de sarcasmo con el que ella quiso restarle toda la importancia del mundo. Qué mundo, del universo entero. Por ello cuando sintió su mirada encima, lo vio. Fueron segundos interminables y luego rehuyó.

Miraba al cielo en busca de una distracción o tal vez una respuesta a su insensatez. Siempre había sido una persona que dudaba mucho, más cuando estaba parada en la delgada línea entre el impulso y la razón. Había buscado sin saberlo a alguien que la hiciera cruzar los límites asi fuera por la fuerza, pero ese alguien nunca aparecía, no importaba cuando suplicase. Ella no tenía derecho a pedir nada ni a esperar nada. Así de complicada se ponía las cosas. Por eso necesita ver de nuevo esas estrellas, esa hermosa lluvia para sentirse pequeña, quería sentirse pequeña ante algo hermoso y no ante ella misma y sus debilidades.

– Que bueno, me alegro por ti. Quizás sea buena táctica eso de buscar a alguien que sea presidente de una fraternidad, ya que tienen valores taaaan altos – Verlo, hablarle. La sola presencia del chico era como atravesar un campo minado. Quería dejar de contestarle así porque ella misma sentía que estaba ardida y odiaba la sensación. Esa sensación que solo la lastimaba. "¿Quieres llorar?" le pregunto su subconsciente y se asusto. Nego con la cabeza y se busco sentar sobre una especie de saco que había por allí, y luego se recostó en el mismo para que sus ojos no se desviaran a querer mirarle. El cielo tenía que ser lo único que captase su atención aun cuando a veces hablara. Las vio pasar otra vez y sus ojos se volvieron a iluminar.  

No le interesaba si Kaleph le contaba algo de lo que habían estado hablando, aunque por alguna razón pensó que no lo haría. Quizás, en ese poco momento previo a solas que tuvieron, hizo que su visión del chico lograra variar un poco y ya no lo veía tan desesperante como antes. Por lo menos la escuchaba y trataba de aconsejarle así solo fuese por mero gusto de mostrar su propia superioridad intelectual. A comparación de la chica, ¿acaso no cualquiera era un genio? Sobre todo para vivir. – Kaleph, tu que sabes tantas cosas... ¿es posible registrar un momento como este? Ya sabes, como cuando los muggles graban videos – por supuesto se refería al acontecimiento estelar y solo a eso.

Pensó que tener un recuerdo de ello la ayudaría mucho aquellas noches cuando llegaban a dar las 3 de la mañana y ella aun no dormía. Eso, o buscarse un novio que la distrajese.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Miér 4 Sep - 13:59

Kaleph alzó la vista al cielo, pero ahora el firmamento se le antojaba vacío y las estrellas fugaces una puerta al nihilismo y a la futilidad de la vida. Primero era oscuridad, luego un brillo fugaz y tras ello, oscuridad de nuevo. Hasta eso había emponzoñado Zlatan con su presencia. Ver a Madison quebrada de esa manera, echada sobre el aislante le partía el corazón. Empezaba a sospechar que había un subtexto entre ambos más profundo de la repulsión básica y obvia que cualquier persona sensata sentiría por el medio croata. 

Si, con todo lo listo que es el muchacho no es el lapicero más afilado de la cajita de colores en esto de las relaciones sociales.

Escuchó la pregunta de Madison, ignorando a Zlatan por el momento. 

-Hay medios, pero no he traido ninguno. Tengo una política muy definida sobre...- se calló a mitad frase, sabiendo con certeza que a ella ahora mismo sus ideas y opiniones no valían un comino. -Siempre nos quedarán los pensaderos, Madison-.  

Le dio la espalda deliberadamente y conjuró su patronus. Un fénec de luz plateada tomó forma ante él, sentándose en sus cuartos traseros listo para escuchar. 

-Presidente, su primera dama está en la azotea bien embriagada. Suba a recogerla antes de que destroce algo, por favor-. El zorrito sacudió sus orejotas y tras gesticular unos ladridos silenciosos desapareció atravesando el suelo.

Ahora se giró a Zlatan. Siete años de rencor concentrado en la punta de la lengua. Si fuese veneno mataría con el menor mordisco.

-En cuanto a ti... Hablábamos de porqué la gente hace lo que hace. Hablábamos de pasar noches en vela intentando averiguar quien es uno en realidad y como callar esa voz que no nos deja dormir. Y hablábamos de todo eso sin decirlo en realidad, lo mismo que los vientos de madera oscura pasan desapercibidos en una sinfonía a pesar de guiar al resto de la sección. Pero tú ni sabes de qué instrumentos hablo, ¿Verdad?-. Se cruzó de brazos -Entonces llegaste tú, que pasas por la vida embistiendo, dejando cicatrices donde tocas sin llegar a tocar a nadie realmente. Eres... eres... el sin-cara de Chihiro, tan hambriento como incapaz de satisfacerte-.  Le miró a los ojos. A medida que hablaba lo iba haciendo con menos acritud, hasta llegar al final siendo casi, casi compasivo. -Me repugnas, Zlatan. Profundamente.

Casi.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Zlatan Fleming el Sáb 7 Sep - 10:29

Zlatan sabía que el comentario de Madison sobre los presidentes y los valores altos estaba lleno de sarcasmo, pero intentó restarle importancia. Ahora que la había mirado le costaba mucho quedarse en el papel de que nada le importaba, pero desde luego se esforzaba, porque no quería que Kaleph notara que sí tenía una habilidad. La miró hasta que se sentó sobre el saco y luego desvió la vista hacia cualquier parte, bebiendo de la cerveza de mantequilla. Se le estaba bajando lentamente la borrachera previa y eso no ayudaba a que se estuviera tranquilo. Se frotó compulsivamente la nariz como si sintiera un picor muy grande por dentro pero no era nada más que las ganas que le estaban dando de meterse algo.

No supo qué pensar cuando Kaleph conjuró el patronus ya que él no lo hacía, pero se las arregló para mostrar una sonrisa cínica por el mensaje que le llevaba, haciendo creer que le divertía toda esa situación aunque poco a poco se volvía menos divertida.

Desvió la vista de nuevo y no volvió a poner los ojos sobre Kaleph durante al menos la mitad de su discursito de mierda, con sus metáforas y otras tonterías que no entendería, aunque el punto general sí que le calaría. ¿Quién mierda eres ese tipo que se creía con derecho de desentrañarlo o que se pensaba que lo conocía por alguna razón? Nadie en ese lugar sabía nada de él, nadie ahí se había molestado jamás en hacer eso. Por lo general no le molestaba ser juzgado, en momentos hasta le divertía crear cierta imagen nefasta ante las personas, porque era más sencillo que intentarlos convencer de lo contrario.

Caminó el espacio que les separaba a grandes zancadas y lo tomó por el cuello para azotarlo contra la primera pared de la azotea que se encontró, casi tirando uno de los telescopios en el camino de su embestida. Casi.  No le contestó nada porque no tenía porque justificarse con él ni con nadie, en vez de eso hizo lo que siempre le salía más fácil y más rápido. Se acercó lo suficiente para darle en el tabique de la nariz con nada más que con su cabeza rapada. En ese golpe con la intención de partirle toda la nariz en pedazos no tenía nada de compasivo.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Kaleph Zimmerman el Sáb 7 Sep - 10:56

(Me salto el turno porque yo lo valgo :P)

Tan pronto como terminó supo que había hablado de más. Él y su gran bocaza unidos de nuevo en una emocionante aventura, como en los viejos tiempos, sí señor. De todas maneras cuando Zlatan acortó la distancia no se esperaba un golpe tan directo ni devastador. Esperaba un cariñoso puñetazo en la boca del estómago, de esos que te quitan el aliento... O a la mandíbula, de los que te dejan la boca floja durante días.

Sin embargo llegó ese CRACK que él juraría que toda la hermandad habría oído, seguido de un inmenso torrente de dolor, un zumbido horrendo del centro de la cara que le había arrebatado cualquier indicio de fuerza u orgullo. Cayó al suelo de rodillas y se cubrió el rostro con ambas manos, gritando -si, como una nena- ante la sensación de tener la nariz como flotando en rostro y el suplicio de ambos extremos del tabique frotándose entre sí. 

No sabía si sujetarse la nariz, apretar, o qué demonios hacer para que doliese menos. Intentó decirle algo a Zlatan, no algo sofisticado e intelectual si no llanamente mencionarle sus muertos más frescos pero cuando abrió la boca sólo pudo dejar salir un gemido de dolor inarticulado al borde del llanto. 

Por entre sus manos se escurrían hilillos de sangre que empezaban a marcar el suelo frente a sus rodillas con un fino espray carmesí cada vez que respiraba por la boca.
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Re: ¡Las Perséidas!

Mensaje por Madison Merteuil el Sáb 7 Sep - 12:55

Bien, hasta ahora todo estaba bien. Parecía haber encontrado la tranquilidad a pesar que el cielo ya no estaba tan cubierto de esas hermosas estrellas, ¿un mal presagio? Quien sabia, pero pensar en ello podría llamarlo con tanta fuerza que comenzaba a dudar si debía seguir permaneciendo allí. Quizás irse sería mejor, así guardaría solo los buenos recuerdos de la lluvia cubriendo el firmamento. Por otro lado la respuesta a su pregunta era justo la que esperaba. Pensaderos. Sin embargo a Madison le parecía más divertido no usarlos.

Tampoco iba a meterse más en su plática, de no ser porque presencio como Zimmerman mandaba un patronus y eso la hizo ponerse tensa. Tan tensa que se levanto casi de inmediato con la intención de irse. También estaba molesta, pero no era culpa del chico no saber de las mil y un razones que tenia para no querer estar en el mismo lugar que la flamante presidenta y el medio croata. De pronto, ¡zas! La cereza de la noche. Zlatan le había pegado a Kaleph y el pobre ahora estaba en el suelo sangrando. Eso debia ser doloroso.

Por una parte no podía pensar en algo mas como “te lo merecías”. Él debía saber controlar su boca y que no todo el mundo era de solo escuchar y responder con lo mismo. Por lo menos no Zlatan, Lo malo es que fue contra alguien que poco o nada podía hacer para defenderse si de puños se trataba. – ¿Acaso perdiste la razón? – se acerco a ellos preocupada por los gritos de Kaleph pero no sabia si moverlo era una buena idea. Asi que solo alejo a Zlatan un poco de él por si quería seguirle dando como desahogo y también por si al judío se le daba por provocarle más. Incluso un duelo con varitas parecía menos peligroso.

Si hubiese sido ella también le hubiese pegado aunque no con tanta magnitud de daño, quizás. Sobre todo en ese punto de su vida en que ya su paciencia era menor, cansada de solo oír cosas que no eran del todo ciertas. – Puedes meterte en problemas así seas novio de quien seas, ¿Por qué estas haciéndolo? Podías solo ignorarlo, no merecía la pena esa reacción. Ahora él sabe que eso te molesta – no lo decía pintándolo como el malo de todo, en parte dentro de sus palabras había también preocupación hacia él, aunque seguramente no lo entendería como tal. – Has algo para ayudarle y lo convenceré que lo olvide – aunque eso no tenía mucho sentido.
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Re: ¡Las Perséidas!

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